sábado, 20 de diciembre de 2008

Cuentos al amor de la lumbre


Aún recuerdo cuando acurrucado en mi cama me imaginaba la oreja peluda del duende y como Juan el Oso la mordía para salir de sus apuros, ¡no se si me atrevería a ello por peligro que se me echara encima!. Así son los cuentos... unos maravillosos, otros de costumbres, de animales, y un largo etcétera dentro de las diversas clasificaciones que han llevado a cabo estudiosos de este género literario.
A mí el gusanillo me entró hace unos años, sólo que hasta ahora no había dado (por perrería) con una de las obras más fascinantes que conozco. Y todo creo que arranca de mi segundo año de carrera, cuando Antonino nos mostró la función de los cuentos y su legado a lo largo de la historia, con excelentes reflexiones como la comparación del Cuento de Blancafor, la hija del diablo con el mito de Medea, o con las contradicciones entre El gato con botas y La leyenda del gran inquisidor de Fiador Dostoievsky. Esto reavivó en mi mente aquellos cuentos que mi madre me leía cuando era un niño.
Esta obra de Antonio Rodríguez Almodovar, a parte de analizar el cuento como género literario, albergando clasificaciones, ciclos, cuestiones históricas y antropológicas... recoge un sin fin de cuentos populares cuyos orígenes son incalculables, el propio Rodriguez Almodovar afirma en el libro que "sea como fuere, parece claro, que a lo largo de cientos de miles de años, la función del cuento es guardar memoria de sus orígenes en forma más o menos figurada; tal vez con ese recordatorio quiera impedir un retorno a aquellas formas de vida". Cuentos como el de Blancaflor, Juan el Oso, La serpiente de las siete cabezas y el castillo de irás y no volverás, Estrellita de oro, La adivinanza del pastor, Juan de Calais, y un largo etc. todos ellos están clasificados dentro de los cuentos maravillosos, y seguramente se podrá establecer relaciones con los arquetipos de la antigüedad, cuestión que nos da fe de la importancia de este género y de la necesidad de trasmitir valores a través de los mismos, de padres a hijos, como un día me hicieron a mí...
Aprovecho para reivindicar la necesidad de leer cuentos en una sociedad en la que videoconsolas y juegos sin sentido copan las cartas de los reyes magos. Es nuestra misión y sobre todo la de los padres, el fomentar este tipo de cuestiones, sobre todo teniendo en cuenta que sólo implica un pequeño espacio de tiempo en nuestras vidas.
Y es que si realmente existe la magia, ésta se encuentra el los cuentos maravillosos...
Gracias mamá por leerme cuentos cuando era niño.

No hay comentarios: